Un “serious game” o “juego serio” es, según la definición de Wikipedia, un juego diseñado para un propósito principal distinto del de la pura diversión. Es decir, no es un videojuego, aunque se le parezca mucho.

La principal diferencia entre un videojuego y un serious game es su finalidad: el videojuego tiene como objetivo principal el ocio y el disfrute de las personas; el serious game, sin embargo, tiene como objetivo el aprendizaje de algo útil para el/la usuario/a.

Esto nos lleva a una pregunta, ¿cualquiera que haga un videojuego y le ponga la etiqueta de serious game ha conseguido que lo sea? Algunas personas piensan que primero se hace el videojuego y luego se le busca la utilidad para poder llamarlo serious game, de forma que abarque un mercado más amplio y gane reputación. Es fácil decir que lo es, introduciendo elementos como permitir la medición de tiempos (lo que hace que el usuario centre la atención en conseguir algo en un plazo de tiempo), ser colaborativo (porque juegas con otros personajes del videojuego y haces cosas en común con ellos,…), etc.

Pero los juegos serios deben tener por detrás un gran trabajo de diseño del contenido. Es imprescindible que el juego tenga marcados una serie de hitos formativos y que haya sido testado por el grupo de interés al que va dirigido, de forma que se vea si ha servido para algo su creación. ¿Se puede llamar serious game a un juego que no ha pasado por el testeo de los usuarios? ¿Uno que no cumple con los objetivos de enseñanza?

Existe otro gran punto de interés en cuanto a estos juegos, y es el uso de la gamificación en los mismos. Con el desarrollo de nuestra aplicación educativa, nos dimos cuenta de que si no introducíamos una motivación en la misma no iba a ser efectiva. Buscábamos la forma de enseñar ciencia a chavales/as de secundaria y bachiller, con una herramienta que ayudara al profesorado, pero también que enganchara al alumnado y que fuera interactiva. Así que se nos ocurrió incluir un pequeño juego en la herramienta, de forma que los chicos/as ganaran puntos al resolver problemas y al llegar a una serie de puntos obtuvieran piezas para la creación de un robot entre todos. Esto lo convierte también en un juego colaborativo (pero del que colaboras con compañeros de la clase, no con el propio videojuego).  El uso de minijuegos, envueltos en una trama mayor, en los que los/as chicos/as tuvieran que poner en práctica los conocimientos adquiridos para poder alcanzar la máxima puntuación, conseguiría uno de los objetivos esperados: aprender jugando.

Sabemos que nuestro objetivo es muy ambicioso, por eso, de momento, estamos creando una pequeña demo de lo que podría ser una gran herramienta de formación. En breve podréis verla colgada en nuestra web.